3. CONCLUSIONES.

 

1) Presencia de lenguas amerindias en la Toponimia del Choapa.

Respecto a la densidad total de los topónimos del valle del Choapa, sólo menos de una quinta parte del corpus (e1 17.45%) lo constituye el léxico amerindio (incluyendo los vocablos desconocidos, pero que no son de etimología hispana). Es decir, sólo 300 voces de las 1719 que integran la toponomástica choapina.

En cuanto a la aportación relativa de las lenguas amerindias, la mayor contribución corresponde a la lengua mapuche, con un 63.33%. A su vez, los vocablos quechuas cubren un espectro de un 19.00. Sumadas ambas lenguas arrojan un guarismo de 83.33%; en consecuencia, cuatro de cada cinco topónimos amerindios del Valle son vocablos mapuches o quechuas.

Los topónimos de origen , nahua, cunza , y taino apenas llegan en su conjunto a un 3.00%, porcentaje bajísimo e inferior a los vocablos que hemos denominado desconocidos, que, aunque indígenas a todas luces, son imprecisables respecto a su étimo aborigen. Puede parecer sorprendente la virtual ausencia de nombres diaguitas (1.33%), sobre todo en una región que ha sido considerado por los historiadores y antropológos como el hábitat de los diaguitas chilenos durante casi cinco siglos, hasta la llegada de los españoles. Probablemente haya voces diaguitas en el grupo de los topónimos que hemos denominado como desconocidos, pero carecemos de fuentes bibliográficas o de otra índole para identificarlas.

El porcentaje de topónimos quechuas tiene su explicación histórica en la modalidad administrativa de los incas de denominar con su lengua los lugares conquistados, y de utilizar su idioma como lengua general. Se establecieron en los valles transversales en 1471 y permanecieron hasta 1536.

Los topónimos mapuches son, aparentemente, de origen tardío y posterior a la permanencia de los incas. Durante la guerra de Arauco hubo traslados masivos de indios desde la zona en litigio hasta Coquimbo, como una manera de paliar en parte la falta de mano de obra en las encomiendas, tanto en las faenas mineras como en el laboreo agrícola y ganadero. No obstante, la ausencia de voces diaguitas en la toponimia elquina (y del Norte Chico, en general) aunado a la presencia mayoritaria de vocablos mapudungos, debe llevar a los antropólogos e historiadores a considerar la posibilidad de una estancia mapuche en la Cuarta Región, e incluso hasta Copiapó, por lo menos durante la época del dominio incaico en la zona, si no antes. Nada de raro sería que se hubiese producido una especie de amalgama racial entre mapuches y diaguitas, con un paulatino predominio de los primeros, que llevaría, incluso, al desaparecimiento de la lengua diaguita.

Por otro lado, la región del Choapa ha sido considerada el límite norte de los picunches. Más que límite, debe haber sido una zona de interinfluencia y aculturación recíproca con los naturales del Norte Chico: por eso, de los cinco valles transversales de las provincias diaguitas, el Choapa posee la más alta densidad de topónimos mapuches en relación con los de étimo quechua; situación que se se va revirtiendo en forma gradual a medida que se avanza hacia el norte, de manera que en Copiapó los topónimos predominantes son los quechuas con un 60%, en contra de los de lengua mapudungo con sólo un 14% de vocablos. La zona de Elqui (y también la del Limarí) presentan una situación de relativa equiparidad entre ambas lenguas.

 

2) Sobre la relación nombre-lugar.

Respecto de la relación nombre-lugar, se refleja una preferencia por bautizar los lugares con nombres de plantas y árboles (fitotopónimos). Este macrodominio semántico está representado por la mitad del volumen global de topónimos (51.01%). Los nombres de animales (zootopónimos) empleados como designaciones toponomásticas alcanzan el 11.74 del corpus. Las designaciones alusivas a productos o actividades derivadas de la acción humana en la naturaleza y en las cosas (culturotopónimos) representan el 8.05% de los términos en cuestión. Del resto, vale la pena mencionar el 5.37% de morfotopónimos, es decir, de aquellos vocablos que expresan alguna particularidad morfológica o aspectual del terreno. Una quinta parte de los topónimos indígenas (21.81%) no ha podido ser adscrita a una lengua determinada por carencia de bases documentales y bibliográficas.

 

3) Sobre el tipo de accidente geográfico o lugar denominado.

Curiosamente, el número de topónimos que designan lugares no poblados (tales como quebradas, montes y ríos) es significativamente mayor que el número de voces para lugares de poblamiento humano. Sólo entre nombres de quebradas y cerros (incluyendo montañas, cordilleras y lomas) se tiene un 57.71% (34.56% para las denominaciones de quebradas, 23.15% para los nombres de cerros y similares). Al escaso porcentaje de 13.42% alcanzan los topónimos de sectores poblados por el hombre, como ciudades, pueblos, villorios y caseríos, mientras que una cantidad también baja (14.43%) muestran los hidrotopónimos (nombres de ríos, aguadas, vertientes, tranques, mares, afuentes). A su vez, los nombres de sectores agrícolas y de minas muestran porcentajes de un 4.03% y 0.67%, respectivamente.

 

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