Los propios conquistadores europeos establecieron el río Choapa como el límite norte de Santiago y sur de La Serena. Esta elección no sería caprichosa, sino que correspondería a una apreciación del español de que a ambos lados del río la población prehispana mostraba matices diferentes. Si a esto agregamos que la región de los valles transversales constituye una unidad ecológica, tendremos que concluir en que también constituía una comunidad etnológica, cultural, y consecuentemente, lingüística.

 

Más aún, el intérprete aborigen de Valdivia en Copiapó conocía no sólo la lengua de Copiapó, sino de toda la región. No es aventurado deducir que los "dialectos" diaguitas poseían un alto grado de inteligibilidad recíproca:

 

"Allí esperó la plática del general, la cual fue dicha por un intérprete o lengua que entendía la lengua y lenguajes de Copiapó y de toda la tierra" (16).

 

Cuando el cronista se refiere a la lengua del valle de Huasco, afirma que "difieren de la lengua de Copiapó, como viscaínos y navarros". Ahora bien, tanto el viscaíno como el navarro son dialectos de un mismo idioma, el vasco; de lo que se desprende que su ininteligibilidad mutua sólo sea parcial (y con mayor razón en el siglo XVI que en la actualidad). Considérese además, las condiciones de regiones limítrofes, tanto en la Península como en la región diaguita chilena, con necesidades de comunicación e intercambio social, cultural y comercial que condicionan la utilización de un vínculo lingüístico lo mpas homogéneo posible. De tal manera que la ininteligibilidad sería sólo parcial (¿e irrelevante?), consideración que podemos estrapolar para los tres valles restantes del Norte Chico, poseedores, de una misma unidad cultural, religIosa y etnológica, como lo comprueban las citas de Bibar.

 

Por último, la región diaguita no posee barreras infranqueables entre cada valle, los cuales, a su vez, se encuentran moderadamente distanciados. Estas peculiaridades geográficas facilitarían, también, la intercomunicación social y comercial en una lengua común no exenta de variantes dialectales.

 

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(16) Bibar, Crónicas, 21 - 22.

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