TOPONIMOS AMERINDIOS EN LA CUARTA REGION: UN ENCUENTRO CON NUESTRAS RAICES.

 

 

 

Cuando el viajero viene desde el sur del país hacia nuestra región, viajando por la Carretera Panamericana, una serie de lugares van captando su atención, atraído, tal vez, por las peculiaridades del paisaje, semidesértico en su mayoría, o de un verde reconfortante en los vallecitos transversales costeros. Por algún lado se divisan algunas majadas caprinas abrevando en ocasionales aguadas, y van apareciendo intermitentemente tímidos pueblecitos , ya escrutando el oriente o bien de espalda a la Cordillera oteando el lejano horizonte marino. Sus nombres, plenos de la sonoridad exótica de idiomas amerindios constituyen, también, un motivo de admiración, si no de simple curiosidad.

 

El acto de poner un nombre -de bautizar- es un acto de cariño posesivo, de algo "que siento como mío". Con cuán religiosa unción etnías desaparecidas o en vías de extinción pusieron simbólicos nombres propios a las personas y también a los lugares donde moraron. "Los nombres de lugar son viva voz de aquellos pueblos, transmitidos de generación en generación, de labio en labio, que por tradición ininterrumpida han llegado a nuestros días".

 

 

)Qué motivaciones llevaron a nuestros antepasados indígenas a poner tales nombres? Dejemos las respuestas -siempre aproximadas- para las conclusiones. Dispongámonos a viajar ahora, imaginariamente, desde el límite sur de la IV Región hasta La Serena, en un tour con doble finalidad: desentrañar el significado de los topónimos que sirven de nombre a los lugares que bordean la vía panamericana, y segundo, dilucidar -hasta donde sea posible- la conexión del significado del topónimo con la realidad a la que sirve de identificación. Guiados por el interés primordial de acceder a las raíces culturales y lingüísticas de nuestros ancestros precolombinos, hemos seleccionado -con cierta arbitrariedad- cerca de veinte topónimos, desde Pichidangui hasta el río Elqui, todos ellos de origen amerindio, en los que se advierte un predominio absoluto de voces mapuches y quechuas (por ser posteriores en el tiempo, hemos prescindido en esta enumeración de topónimos hispanos). Avanzaremos en el sentido longitudinal de sur a norte:

En el límite sur de nuestra región surge el primer nombre exótico. PICHIDANGUI, rada y caserío pintoresco, lugar de pesca y turismo. Voz mapuche compuesta de pichi; pequeño, chico, menudo, y tangi o thagi, balsa de pasar ríos; en consecuencia, Pichidangui significa "balsa pequeña". El primer componente del vocablo pichi, es muy común en mapuche y en la toponimia chilena: lo apreciamos en términos como Pichicui, ensenada pequeña, Pichidegua, Pichigüén (pez y lugar), etc.

 

 

Un poco más al norte cruzamos el río QUILIMARI, nombre también del poblado homónimo. Este topónimo tan eufónico y sugerente no guarda proporción con su frío significado numérico: "treinta". Efectivamente, procede de la multiplicación de kila, tres y mari, diez. Tres por diez igual "treinta". Pero )por qué "treinta"? Por lo menos nosotros, no sabemos la respuesta. Trátase también de un vocablo mapuche.

 

 

LOS VILOS, reparador remanso en la ruta de la capital a La Serena, debe su nombre a la segura existencia de culebras, sobre todo en el pasado. La voz mapuche Vilo, deformación típica del mapuche Filu, alude a "culebra" o "serpiente" (Tachymenir y otras), y como componente de otros vocablos aparece, por ejemplo, en Viluco, agua de la serpiente; vilicura, piedra de las culebras; vilcuya, culebra-comadreja. En todo caso, Los Vilos no nos parece deformación fonética de un nombre inglés -Lord Wilow- como sugiere otras teoría; trátase, sin duda, de un caso de etimología popular.

 

 

Más acá de Los Vilos atravesamos el puente sobre el estero de CHIGUALOCO, de dudosa etimología, aunque probablemente se trate de un cruce quechua-mapuche. Parece que el nombre significa algo así como "canasto de locos", si consideramos la voz quechua chigua (de achigua, tejido de mimbres u otro material en forma de canasto) y el mapuche loco, molusco o marisco muy apreciado (concholepas).

 

 

A la altura de Huentelauquén el río CHOAPA va concluyendo su ruta iniciada en los ventisqueros andinos, antes de fusionarse con el Pacífico. Este término es una especie de fósil lingüístico: es una de las escasas palabras del idioma extinguido de los atacameños (el cunza), una de cuyas variantes lo constituye tal vez, el chango. Se supone que allí tienen su origen los choapinos (chañutenco) con que se cubren las monturas. Otra versión lo supone mapuche (de thoun, rajar, hendir, y de pa, venir: "que viene hendiendo la tierra").

 

 

El hermoso vallecito de HUNTELAUQUEN -vergel esmeralda en la desembocadura del Choapa- es léxico inequívocamente mapuche: de huente, sobre, encima de, parte superior, superficie, y -lafquen, lago, mar. Este último componente aparece en topónimos como Calafquen (lago como mar). Entonces Huentelauquén significaría "sobre el mar". Pero no debe descontarse la posibilidad de que Huentelauquén sea el nombre de una persona -el cacique tal vez- puesto que Lafquen aparece en algunos apellidos (tótem).

 

 

Siempre dentro del mismo radio geográfico encontramos en la costa la Punta AMOLANAS, (también nombre del puente homónimo, y de una quebrada y cauce de un río seco en los deslindes de Illapel y Ovalle). Vocablo quechua (de amullana), "lo que se dice" "lo que se trae en la boca".

 

 

El Parque Nacional de TALINAY, en la cercanía costanera de Ovalle, posee un topónimo de etimología bastante curiosa. Significaría "gato amarrado" )?, de tharin, atar y de ñay(que), gato. Nombre mapuche.

 

 

A la altura de la bifurcación del camino panamericano con la ruta a Ovalle se encuetran los baños termales de SOCOS, voz originiaria del quechua, chocon, empaparse, mojarse.

 

 

A pocos kilómetros de Ovalle hacia el sudeste y a la orilla izquierda del río Limarí se extienden los llanos de SALALA, llanos estériles por falta de agua, pero que en años lluviosos se cubren de abundante pasto. Por el lado poniente tienen una quebrada que recoge las aguas de las vertientes del Punitaqui, y las vacia en el río Limarí. Topónimo quechua, sallada, enamorado, galán, amancebado ( de salla: manceba, concubina).

El río LIMARI riega la cuenca del valle que lleva su nombre, resulta de la confluencia del río Grande y del Guatulame. El vocablo Limarí es quechua, Imani y significa "lo que rueda".

 

 

Pasando la intersección que conduce al bosque Fray Jorge, hacia el poniente, se encuentra PACHINGO, aldea de pocos habitantes. Es un topónimo mapuche resultante de pichi(n) (chico, poco, escaso) y ko, agua. En síntesis "lugar con poca agua".

 

 

EL TANGUE es un surgidero y fundo de Tongoy. Su estimología es dudosa por la similitud fonética de lso vocablos mapuches que pudieron ser sus antecesores: thagi, balsa, o thage, pelícano, alcatraz.

 

 

La hermosa villa de TONGOY y su bahía homónima, procederían de una voz onomatopéyica que imita un ruido intermitente, como el golpe de un martillo; este sería su desarrollo fonético: trong trong -trongoin - thongoin - tongoi. Vocablo de raigambre mapuche; según Augusta, procedería de thog, tupido, y de goi(n), ruido. Por lo tanto, ruido tupido. Más factible nos parece la tesis del Dr. Gilberto Sánchez, experto en lengua mapuche y en muchas más indígenas y modernas, que lo supone derivado de tronge, denso, tupido, y joy(am), roble (Nothofagus oblicua). Entonces: robledal tupido. Nos preguntamos: )Existirían robledales en la época precolombina en esta región?

 

 

El legendario GUAYACAN, que guarda los secretos de piratas y filibusteros, es la única palabra de este recorrido geo-toponímico que hemos realizado ajena a lenguas de pueblos que habitaron en nuestro país. Nos referimos a la palabra antillana waiacan, voz taína o arawaca, idioma centroamericano. El guayaco o guayacán es un árbol caribeño de unos 12 mts. de altura; su madera, de color cetrino negruzco, es muy dura y se emplea en ebanistería. En Chile se transfirió el nombre 'guayacán' a un arbusto de características similares a las de su homónimo caribeño, la Porliera higrometrica, también de madera muy dura, empleada actualmente en artesanía.

 

 

Intentamos ahora dilucidar la raíz etimológica de ANDACOLLO (lugar cercano al puerto de Coquimbo, aunque no al borde de la Carretera Panamericana) Si la interpretación popular es una mera coincidencia fonética ((Anda, Collo!, le habría solicitado la Virgen a un lugareño nativo) el significado de Andacollo debería surgir de los antecedentes histórico-geográficos y lingüísticos. El padre Márquez Eyzaguirre supone que Andacollo significa 'mina de cobre'. Esta es la versión mayormente aceptada por los especialistas. Se deduce de la composición del término quechua: anta, cobre, y kcoyo, montón, mina, cerro. En consecuencia, mina de cobre. La palabra kcoyo tiene otros significados en quichua, tales como 'reina, princesa heredera'. Andacollo podría significar 'cobre del mejor' (o sea 'cobre reina'). Preferinmos, sin embargo, la aceptación de 'mina de cobre'. Otra etimología -de menor aceptación que la enunciada -es la que lo deriva de ancaculla, de anca, águila, y de culla, nido. Andacollo significaría 'nido de águilas'. Curiosamente , si Andacollo fue conocido inicialmente por su riqueza aurífera )por qué el nombre 'oro' no aparece en su etimología y sí el de 'cobre'?

 

 

La etimología y significado de COQUIMBO, nombre del principal puerto de la IV Región, pero también denominación alterna del río Elqui, de su valle, y, en general, de la IV Región en su totalidad, constituye una incógnita y, por lo mismo, no conviene adscribirse a ninguna teoría sobre su origen lingüístico; más bien, contemplemos con objetividad las distintas proposiciones al respecto.

 

 

Si fuera quechua, podría tratarse de una contracción de Cullquitampu, de cullqui, plata, y de tampu, tambo o estación. Entonces, tambo o estación de plata, con una fonética semejante a Cuquimpu.Se justificaría esta tesis por el conocimiento que tuvieron los incas del mineral de plata que más tarde se llamaría Arqueros, al norte de la bahía, hacia el interior del valle. Una variante de esta interpretación es la que deriva el primer formante del quechua khúllki, acción de cavar o mover la tierra. Significaría, entonces, estación o campamento donde se cava la

tierra.

Según la teoría que más les gusta a los coquimbanos, el vocablo sería una voz mapuche, con el significado de lugar de 'aguas tranquilas'. Probablemente porque ko es agua en mapuche, pero la acepción de 'tranquila, calmada', que debería tener el segundo componente del nombre (kimpu), no ha podido ser demostrada con los diccionarios o gramáticas del mapudungun.

 

Jorge Pinto R. ("La Serena Colonial") recoge la versión de que Coquimbo significa 'porción de agua'. En efecto, si nos atenbemos al diccionario de Augusta, es dable analizar el topónimo en ko, agua, y kümpu/n, trozar, despedazar algo, hacerlo trozos; por lo tanto, de etimología mapuche (trozo o hilillo de agua). La alusión es al río, que para los sureños mapuches aparecería como esmirriado y de poco caudal, comparado con los torrentosos ríos australes. La misma impresión les habría causado a los incas, que lo bautizaron como ELQUI, con el significado de desmembrado, flaco, enteco, enfermizo (de yrque, variante erque (modificado después en 'elque' y finalmente en 'elqui').

HERMAN CARVAJAL LAZO UNIVERSIDAD DE LA SERENA MARZO DE 1994.

 

 

 

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS.

 

 

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