¿ES EL KAKÁN UNA LENGUA EXTINTA?

                                                                                                                                                                                                                                                       Herman Carvajal Lazo

 

ABSTRACT

El aserto tradicional de que el kakán fue la lengua de los diaguitas se ha venido repitiendo y afianzándose en los últimos decenios.  Que lo fue en el noroeste argentino, no hay discusión. El asunto es considerar si también lo fue para los denominados diaguitas chilenos y si lo continúa siendo en la actualidad. No existen gramáticas ni glosarios (por lo menos exhaustivos  y confiables) ni tampoco hablantes de esa lengua: los descendientes de esa etnía fueron rápidamente quechuizados y posteriormente hispanizados; esto, en el sector transandino. Lo mismo ocurrió por estos lares. En la actualidad quienes se identifican con el colectivo étnico diaguita (en Atacama y Coquimbo) sólo hablan el castellano.

La discusión y preocupación por todo lo concerniente a lo  diaguita (cultura, cosmovisión, costumbres, tradiciones, territorio, religión…) ha cobrado nuevo e inusitado interés,  sobre todo a partir de la promulgación de la Ley N°  20.117 del 28 de agosto del 2006 que reconoció la existencia legal de la etnía diaguita.

En lo relativo a la lengua, hablar de “kakán”, sin conocer su estructura lingüística, fonemas  y lexicón es asaz aventurado. Este artículo se estructura en dos partes: la I, para confirmar o descartar la existencias del kakán; en la II, referirnos a algunos esfuerzos de reconstrucción del kakán, en que la mayoría de las voces propuestas como originalmente kakanas son realmente quechuas o mapuches y hasta hispanas.

PALABRAS CLAVES

Lengua, identidad,  multiculturalidad, kakán, diaguitas, etnogénesis.

 

 

I  PARTE: EL KAKÁN.

 

00 INTRODUCCIÓN.

No es lo mismo una “lengua extinta” que una “lengua desconocida”. El latín es una lengua extinta (porque no posee hablantes que la utilicen como lengua materna), pero no es una “lengua desconocida”: se conoce su estructura morfosintáctica, su repertorio fonemático y su amplísimo corpus léxico (base, por lo demás, de todas las lenguas neorromances).

Si hablamos de la “existencia” de una lengua, entonces tenemos obligatoriamente que confrontar los componentes estructurales de toda lengua: su sistema fonológico, su repertorio lexemático y su modalidad morfosintáctica para generar oraciones. Si se pudiese simplificar el aserto lo expresaríamos de esta manera: toda lengua posee sonidos (fonemas), palabras y maneras de formar oraciones (unidades de intercambio en la comunicación).

¿Posee el kakán un sistema fonológico? ¿Su repertorio léxico es suficientemente relevante?, ¿sabemos cómo los diaguitas construían sus oraciones? A nuestro parecer, las respuestas son negativas. Lo que nos llevaría a la conclusión de que el kakán es un idioma desconocido  (en cuanto a sus componentes estructurales) y extinto a la vez.

La pregunta inicial es si acaso se encuentra vigente en nuestra Cuarta Región la lengua atribuida a una de las etnías originarias de esta parte territorial. Nos estamos refiriendo, obviamente, a la lengua kakana y a los denominados diaguitas chilenos u occidentales. Por supuesto que la atribución de “vigente” es asaz exagerada. No tenemos conocimiento de hablantes actuales del kakán ni conocemos el sistema fonológico ni sus particularidades morfológicas y sintácticas. Por lo tanto, no tenemos más que remitirnos a evidencias lingüísticas más perdurables en el tiempo: los topónimos y los antropónimos; y, tal vez, a unos pocos vocablos del habla cotidiana. Todo lo cual es insuficiente para la reconstrucción de una lengua.

En relación con la búsqueda y recopilación de topónimos y antropónimos regionales, tenemos necesariamente que referirnos a los glosarios de toponimia amerindia en los Valles de Elqui, Limarí y Choapa (y a nuestros otros trabajos en la misma dirección), que no revelan evidencia lingüística del kakán. A menos que no hayamos podido dilucidar algunos topónimos indígenas, pero desconocidos, y entre los cuales se encuentren presuntivamente voces diaguitas. Y aunque así fuese, la estadística no sería relevante para comprobar la presencia kakana en nuestra región. En cuanto a los antropónimos, esta es una faceta en la que no hemos  incursionado mayormente, pero sí lo ha hecho nuestro ex discípulo el Dr. Luis Guerrero[1] y otros investigadores. El Dr. Guerrero tampoco se pronuncia sobre la presencia kakana en el occidente diaguita.

 

1.-  DON JORGE IRIBARREN CHARLÍN.  

Para comprobar la desaparición del kakán como lengua hablada y utilizada por las comunidades diaguitas revisaremos suscintamente lo que dicen algunos lingüistas especializados en la clasificación de las lenguas y/o en la estructura misma del kakán. Aunque comenzaré por el ex Director del Museo Arqueológico de La Serena, Sr. Jorge Iribarren Charlín[2], quien, no siendo lingüista de profesión se aventuró con buen olfato en este rubro para disentir de la aparente múltiple afinidad sugerida por Latcham[3] entre los diaguitas argentinos y los occidentales. En nuestro artículo “Algunas referencias sobre la lengua de los diaguitas chilenos”[4]nos referimos más in extenso al análisis contrastivo de don Jorge  Iribarren Charlín. Decimos en  nuestro trabajo de 1990 que “recoge el ex Conservador del Museo 225 topónimos estimados como diaguitas del sector transandino y los contrasta con los recogidos en Chile, como supuestas voces del kakán”.

     De estos 225 nombres únicamente pueden considerarse  como idénticos con el sector argentino: Guayaquil, Choapa y  Uchumí(n).  Pero Guayaquil es quechua (conforme lo destaca el propio Iribarren), y Choapa es cunza .  Queda firme sólo Uchumí(n). Es decir: sólo una voz toponímica del lado chileno concordaría con los topónimos argentinos.    

                    Y en lo que dice relación con los patrónimos (o antropónimos),  tomó Iribarren referencias de los Libros de Encomiendas, en archivos de la Capitanía General y Libros Parroquiales, constituyendo un listado de 442 nombres, que contrastó con las nóminas manejadas por Schuller[5] primero, y luego por Latcham.  Concluyó en que "tenemos en realidad muy escasas analogías definitivas".

          En un trabajo inédito sin fecha (aunque debe ser posterior a 1970), Jorge Iribarren reitera sus planteamientos y conclusiones sobre "La lengua en uso en los aborígenes de Coquimbo y Atacama", lamentando que las lenguas autóctonas en esa área constituyan una incógnita.

 

2.- ANTONIO TOVAR.

          Antonio Tovar[6], en su Catálogo de las lenguas de América del Sur nos dice que “el lnombre de la lengua de la nación conocida con los del epígrafe  (Diaguita o Calchaquí) era el de Cacán; los misioneros prefirieron para su conquista espiritual el  uso de la lengua Quechua, ya introducido en estos territorios del noroeste de Argentina (Catamarca, Tucumán, Salta), y la extinción de la lengua Cacán debió ser completa a fines del siglo XVII”.

            Se deduce el proceso de quechuanización de los diaguitas por esas razones apologéticas y evangélicas; la lengua kakana se fue abandonando hasta extinguirse completamente a fines del XVII. Por cierto, desapareció como lengua, pero subsisten algunos pocos vestigios léxicos, principalmente en el ámbito de los nombres de persona y de lugar.

 

3.- CESTMIR LOUKOTKA

Cestmír Loukotka[7] clasifica a las lenguas y dialectos de la Amèrica del Sur en grandes familias o "troncos".  En el extremo sur habría cinco troncos: el mapuche, el diaguita, el humahuaca, el lule y el huarpe. El tronco diaguita poseería 20 dialectos (sin considerar los subdialectos):

          “Diaguit ‑extinct language once spoken by many tribes in the Argentine province of Catamarca.  All the survivors are now Quechuanized.  (J.E. Durand 1931).

          Dialects, all extinct:

          Quilme ‑ once spoken around the city of Quilmes, Catamarca.

          Yocabil ‑ once spoken in the same province oin the Yocabil Valley.

          Andalgalá ‑ once spoken around the city of the same  name, Catamarca.

          Abaucan or Tinogasta ‑ once spoken in the Abaucan  Valley, Catamarca.

          Pasipa ‑ once spoken in the Vicioso Valley, Catamarca.          

         Ancasti ‑ once spoken in the Sierra de Ancasti,  Catamarca.

          Hualfin ‑ once spoken in the Hualfin Valley, Catamarca.

          Famatina ‑ once spoken in the province of La Rioja in  the Famatona Valley.

          Caringasta ‑ once spoken in hte Anguco Valley, San Juan  province.

          Sanagasta ‑ once spoken in the Sierra de Velasco, La Rioja province.

          Musitian ‑ once spoken in La Rioja province in the  Sierra de los Llanos.

          Nolongasta ‑ once spoken in the Chilecito Valley, La  Rioja province.

        Calchaqui or Cacan or Tocaqui ‑ extinct language once spoken in Salta province, in                           the Quimivil and Santa María Valleys. (Lafone y Quevedo 1927, pp. 28 ‑ 33;  Serrano 1936b, both only a few words and patronyms).

          Dialects:

          Guachipa ‑ once spoken in the vally of the same name,   Salta.

          Tolombon or Pacioca ‑ once spoken in the province of Tucumán in the Tolombon Valley.

          Amaicha ‑ once spoken in the Sierra de Aconquija, Tucumán province.

          Tucumán or Tukma ‑ once spoken around the city of  Tucumán.

          Solco ‑ once spoken in Tucumán province north of the  Tucuman tribe.

          Cupayana of Capayana ‑ extinct language once spoken in San Juan and La Rioja provinces.  (Cabrera 1917, only a few patronyms; Canals Frau 1944b, pp. 147 ‑ 157, the same).

          Amaná ‑ once spoken around the city of the same name, La Rioja province. (Nothing).

          Chicoana or Pulare . once spoken in Salta province en the Lema Valley. (Nothing).

          Indama or Ambargasta ‑ once spoken north of Salinas Grandes, Santigo del Estero province.  (Nothing),

          Copiapó ‑ once spoken around the city of the same name in the province of Atacama, Chile.  (Nothing).”

 

 

4.- MARISA VILLAGRA .

“Como ocurre con todo invasor que impone el uso oficial de gran parte de su cultura, el pueblo sometido no consiguió ser dominado completamente y conservó su lengua originaria: el cacán, que sobrevivió hasta la llegada de los españoles y luego se extinguió. De esta lengua se sabe muy poco. El sacerdote Bárzana escribió un ARTE Y VOCABULARIO CACANO, que no llegó a editarse y del cual algunos religiosos, entre ellos, el sacerdote Añasco nos dan testimonio. También desaparecieron las copias manuscritas que Añasco tomó del original. Por referencias de otros jesuitas se sabe que el cacano era de muy difícil pronunciación «por ser muy gutural» (R. Lozano,1.783). Respecto del cacán, hay numerosas interpretaciones e hipótesis elaboradas por investigadores de diferentes disciplinas. Como el resultado de los estudios es confuso y hasta contradictorio, nosotros adherimos al estudio de Eusebia Martín por considerarlo el más cercano a un modelo de descripción e interpretación lingüística. E. Martín ha intentado delimitar las áreas del cacano, también en relación a la toponimia. La conclusión a la que arriba es que el cacán era lengua hablada por los juríes y diaguitas en el área comprendida entre el Valle Calchaquí, al Norte, y el Valle de los Capayanes, al Sur,y la región del Río Dulce y N.O., de la actual ciudad de Córdoba, al Este. Dentro de esta área E. Martín distingue dos zonas: el cacán, al Norte, con las terminaciones en -ao, -aho, -ahaho, que correspondería a los pueblos calchaquíes, pulares, guachipas, tolombones, quilmes, yocaviles, amaichas,hualfines, luracataos y chuschas. El cacán del Sur, cuya forma se caracterizaría por las terminaciones -gasta, era propio de los andalgalas, catamarcas,famatimas, abaucanes y paccipas, diaguitas de Ancasti y del Río Dulce. (E.Martín, 1.969-70).”[8]

 

 

 5.- ALAIN FABRE [9]

“Debido a la falta de datos lingüísticos otros que toponímicos y onomásticos, la lengua kakán no puede ser clasificada, a menos que algún día aparezcan los manuscritos, hoy perdidos, que la describían.

NOMBRE(S):

Kakán, diaguita, calchaquí

AUTODENOMINACIÓN:

Kakán (lengua);

NÚMERO DE HABLANTES:

No quedan hablantes de lengua indígena, que se extinguió hacia finales del siglo XVII. En la actualidad, todos hablan castellano. Al grupo étnico, hispanohablante, pertenecen 62.000 personas (Hernández 1992 citando como fuente al Servicio Nacional de Asuntos Indígenas del Ministerio de Salud y Acción Social y la Asociación Indígena de la República Argentina 1977);”

 

6.- RICARDO NARDI.

 

Concluyamos con esta mirada a la cuestión diaguita en su dimensión lingüística más general que regional: la existencia y/o evidencias lingüísticas del kakán sobre todo a partir del ámbito territorial originario, es decir en el sector transandino. Estamos seguro de que las conclusiones sobre esos estudios se pueden también extrapolar para nuestras regiones diaguitas. Y al respecto procederemos a una lectura y análisis profundo del mejor estudio que conocemos  sobre la lengua kakana: nos referimos a la obra de Ricardo L.J. Nardi “El kakán, lengua de los diaguitas”[10]. [11]

 

(Es el kakán) la lengua indígena más importante de nuestro Noroeste. Siempre hemos conservado la ilusión de poder leer alguna vez los inhallables manuscritos del Padre Alonso de Barzana, Somos plenamente conscientes de las limitaciones de este estudio. El material lingüístico de que se dispone no puede tomarse ni siquiera como una muestra de la lengua real. Se puede trabajar con material cuyo significado se desconoce para determinar la fonología y la morfología siempre que se posea un corpus donde hallen documentados todos los casilleros de la lengua.  Con el kakán ello no ocurre; ni siquiera las transcripciones merecen un apreciable grado de confianza. A pesar de ello, creemos justificado intentar arrojar una mínima luz sobre la oscuridad que lo rodea. (Nardi, El kakán lengua de los diaguitas)[12].

 

En este párrafo que hemos refundido destaca Nardi, en primer lugar, lo importante que fue la lengua kakana. Lamenta la ausencia de un Arte y Vocabulario que habría escrito el P. Alonso de Barzana para el catamarcano (identificado como la principal lengua diaguita). Las líneas siguientes son muy claras y asertivas: el material lingüístico de que se dispone no puede tomarse ni siquiera como una muestra de la lengua real. Clarísimo:

 

Sólo es posible hacer algunas observaciones más o menos fundamentales sobre su repertorio de fonemas apoyándose en las variantes gráficas de topónimos y antropónimos, y en las voces regionales. No intentamos una reconstrucción fonética ni fonémica. Las sencillas grafías que nos llegaron deben hallarse muy lejos de la representación de los sonidos reales, a juzgar por los juicios de los cronistas acerca de la pronunciación del kakán. Con cimientos tan endebles es imposible construir una estructura firme.[13]

 

La reconstrucción de un sistema fonológico para el kakán es imposible con tan febles bases. Las grafías con el sistema alfabético latino (puesto que el kakán, como todas las lenguas amerindias, no poseía escritura) debieron alejarse de lo real. Sus sonidos son, entonces, más o menos representados gráficamente, pero ciertamente no con la precisión requerida.


    En un primer momento la administración española  y la Iglesia apoyan el aprendizaje de las lenguas indígenas y la difusión de las lenguas generales (el quechua en nuestro Noroeste). Pero la tendencia a obligar el aprendizaje del español por parte de los indígenas va tomando auge. En 1634 y 1636 se dispone que sea enseñado el español a todos los indios.
    En el caso del kakán su declinación se acentúa por el extrañamiento de parcialidades luego de haber sido sofocado el alzamiento de Chalimín (1630-1643),
    En 1770 una Real Cédula ordena que se pongan en práctica medios para conseguir que se extingan los diferentes idiomas indígenas y que sólo se hable castellano.  El gobernador de Tucumán Gerónimo Matorras, en su segunda gobernación (1772-1775), toma medidas para desarraigar las lenguas indígenas:  crear escuelas para enseñar a leer en castellano; doctrinar en castellano; empleo obligatorio del español en casas de ciudad para hablar a los hijos y sirvientes, y en las casas de campo y haciendas para hablar con los criados; obligación de saber castellano para poder ser nombrado cacique, alcalde, fiscal, etc. [14]

 

La cita precedente nos habla de la supervivencia de la lengua kakana (e indígenas en general) hasta el primer tercio del siglo XVII y luego su declinación (y eventual desaparición) en la última parte del siglo XVIII, debido principalmente a medidas administrativas (que conllevarían a la extinción del kakán y de otras lenguas amerindias que no fueran lenguas generales, como el quechua, por ejemplo).


Marcos A. Morínigo cree que la entonación montañesa es lo único que queda claro, inconfundible, de la DESAPARECIDA lengua cacana que en el siglo XVII se hablaba todavía en toda la zona montañesa del noroeste argentino. “Ningún otro rastro quedó de dicha lengua, ningún vocabulario, ninguna gramática que nos haga saber algo de ella” (p.99).
Disentimos de la opinión del distinguido estudioso cuando dice que ningún otro rastro quedó de dicha lengua; creemos que el presente trabajo mostrará la persistencia de varias voces y, con ello, la posibilidad de traducir algunas expresiones kakanas.[15]

Lo de lengua “desaparecida” es de Nardi, quien concuerda en esto con la afirmación de Morínigo, pero no con que no exista ningún otro rastro lingüístico. Nardi  confía en la persistencia de ciertas voces que permitirían reconocer y traducir voces kakanas. Pero no hay gramática, ni sistema fonológico establecido, ni hablantes como primera lengua.


    Muy generales y vagos son los datos de las fuentes acerca de las características de esta lengua.  Se la califica de revesado Idioma(Lozano, Hist.Comp.,T.1º,p.16), de lengua “sobremanera reservada” (id.,p.16), por extremo reservada (id.,p.47), “estrañamente dificil” (id.,p.423), sobremanera dificil (id.,p.16); se dice que no es fácil de expresar en Idioma tan dificil” (id.,p.426), que el P. Barzana afirmó que se trataba de la lengua “mas dificultosa para mí de quantas he aprendido” (id.,p.83) –El P. Diego Francisco de Altamirano (Cartas Anuas de 1653 y 1654) lo llama dificil y barbaro lenguaje”; Lozano (Hist.Comp.,p.16) lo trata de aspero Idioma”,imperceptible (id.,p.423), tan gutural que parece no se instituyó para salir á los labios” (id., p.16) e insiste en que se forman sus voces en solo el paladar” (id.,p.47) y lo caracteriza como muy gutural, que apenas le percibe quien no le mamó con la leche (id.,p.423). [16]

 

Este párrafo, como lo dice Nardi, se refiere a apreciaciones algo subjetivas acerca de cómo su fonética fue percibida por los que la conocieron. Efectivamente, estos juicios son vagos y subjetivos, e insisten fundamentalmente  en la connotación gutural de su pronunciación. Datos que no nos sirven en absoluto para una reconstrucción ni siquiera fonética del kakán.

 

Las siguientes citas del trabajo de Nardi aluden a los esfuerzos de los estudiosos por encasillar el kakán en alguna tipología lingüística, intentos todos que han fracasado por falta de la documentación adecuada o por errores metodológicos en sus procedimientos.


Es imposible realizar una clasificación basada en rasgos lingüísticos de una entidad que carece de documentación apropiada. Por ello, todos los ensayos realizados hasta el momento carecen de validez.  [17]

Y continúa el investigador argentino:


Tovar (p.31) prefiere emparentar al kakán con el atacameño (kunsa) por los “rasgos comunes” en la toponimia, como ya había sugerido Rodolfo R. Schuller en 1908 y como hicieron el P. Wílhelm Schmidt (1926) con un grupo Cunza-Diaguita y J.Alden Mason (1950) con su grupo Ataguitan.  No tiene asidero colocar al comechingón dentro del diaguita, como hicieron Walter Krickeberg y P. Schmidt.  Menos aún colocar al kakán, sanavirón y vilela en la familia Vilela como pretendió Chestmir Loukotka.

Otros autores locales con mucho menor conocimiento lingüístico han creído ver semejanzas con el huarpe o el mapuche. Muy prudente estuvo Imbelloni al considerar al kakán como lengua extinta e inclasificada del Noroeste. No lo citan en sus clasificaciones modernas entre otros, Sol Tax y Charles F. y Florence M..Voegelin. [18]


     Otra vía de asedio tendiente a la comprensión del kakán han sido los estudios toponomásticos y etimológicos:

.
La búsqueda en archivos y repositorios documentales para tratar de hallar los manuscritos de artes, vocabularios y otros materiales lingüísticos kakanos elaborados por los misioneros ha resultado infructuosa hasta ahora.
Otra vía ensayada ha sido el análisis de la toponimia
.  Las dificultades con que se han enfrentado los ensayos realizados han sido enormes. Es muy difícil trabajar con secuencias de sonidos cuyo significado es desconocido.  Por una parte, se ha perdido mucho tiempo con especulaciones de gabinete; en otros casos, los autores han carecido de dotes de observación y registro, en los trabajos de campo.

Es un grosero error recurrir indiscriminadamente a interpretaciones mediante otras lenguas indígenas cuando se sabe por los cronistas que el kakán era una lengua particular, distinta de las otras conocidas.  Para aceptar la posibilidad de préstamos hay que ejercer una rigurosa crítica y en este punto se ha mostrado una ignorancia total de los procesos de aculturación. 

Muchos estudiosos que han contribuido con importantes trabajos históricos, lexicográficos o de otra índole han incurrido en graves errores al especular sobre la toponimia del área diaguita.

Un error por desconocimiento es tomar como kakanas voces españolas o de otro origen, como hizo Adán Quiroga

Además, estos improvisados lingüistas se han movido con gran desaprensión en el peligroso campo de las etimologías.  Para ellos no había barreras, echaban mano a secuencias de sonidos de cualquier lengua, creaban curiosos cocktails con desconocimiento de las estructuras morfo-sintácticas, de las equivalencias fonéticas y de la historia ética 1ocal,

El prestigioso P. Pablo Cabrera, en diversas obras publicadas en un lapso de más de veinte años, fue otro campeón en la falta de respeto por la morfología y la sintaxis indígenas.  En sus escritos se puede hallar extraños híbridos del quechua con el vilela, el jurí, el lule, el kakán, y también del aymara con el vilela.  Incluso halló rastros de lengua atacameña en Córdoba.

.Con algo más de mesura, el Prof.  Antonio Serrano creyó inferir la presencia de un substrato lingüístico muy antiguo, quizás un “primitivo” aymara,

El Dr. Manuel Lizondo Borda (1938) tuvo la curiosa idea de interpretar nombres seguramente kakanos (como Balasto, Anfama, Aconquija, Tucumán, etc.) mediante étimos aymaras con total desconocimiento de la morfoxintaxis y las correspondencias fonéticas.  Además echó mano de híbridos del aymara y kakán o aymara y lule, De todas sus especulaciones dedujo que el kakán, sí no fue aimara puro, fue nada menos que un dialecto del mismo con influencia del kunza, lule y tonocoté,

El Dr. Orestes Di Lullo, autor de muy importantes trabajos sobre el folklore de Santiago del Estero, también cayó en el error de inventar híbridos de aymara con abipón, quechua con toba, lule con kakán, quechua con araucano, etc.;

Se podrían multiplicar las citas con desatinos.Rogelio Díaz L. y Rogelio Díaz (h) son otros campeones del desconocimiento metodológico

.José Vicente Solá, autor de un muy importante diccionario con voces recogidas en la provincia de Salta, aunque en general elude las cuestiones etimológicas oscuras, no pudo escapar a la tentación de hacer alguna deducción equivocada

Antonio Serrano (1936) hace una lista de 17 voces y variantes, para él indudablemente kakanas, pero comete dos errores: querer interpretar el kakán mediante el quechua y el aymara y considerar kakanas voces quechuas ( por ej., occotti, corota, pecana).


No queremos dedicar más espacio a las citas de graves errores cometidos por aficionados; creemos que basta con la pequeñísima muestra ofrecida. Al mismo tiempo, consideramos un deber de justicia volver a ocuparnos de Samuel A. Lafone Quevedo, el más ilustre de los aficionados al estudio de las lenguas indígenas de la Argentina.  [19]

            El enunciado de investigadores de reconocido renombre a los cuales Ricardo Nardi no dubita en calificarlos con duros términos por lo que considera aberraciones lingüísticas, uso de metodologías inadecuadas, carencia de formación lingüística, apreciaciones subjetivas o sin fundamento científico nos ha obligado a no recortar las citas precedentes para una cabal comprensión del lector acerca de los equivocados asedios a la lengua kakana, hechos con buena intención pero sobre bases investigativas erróneas. Nótese expresiones como “campeón en la falta de respeto por la morfología y sintaxis indígenas”, “ignorancia enciclopédica”, “campeones del desconocimiento metodológico”, “errores cometidos por aficionados”, “improvisados lingüistas”, etc.

Dejando de lado tales especulaciones, el análisis de los topónimos y antropónimos, sobre todo históricos, nos permite aislar numerosos componentes, probablemente correspondientes a alomorfos o morfemas. La mayoría son seguramente libres; algunos parecen ser ligados (sufijos) y los indicamos mediante la precedencia de un guión.[20]

            En efecto, Nardi nos proporciona un listado de 687 morfemas, algunos “libres” y otros “ligados”. Entendamos los morfemas en una acepción muy cercana a la de “palabras”( morfemas libres). Los morfemas ligados vienen siendo “constituyentes” de palabra, sin existencia autónoma. Un dato bastante importante es que de este largo listado de morfemas a sólo 30 se les ha asignado una traducción o significado plausible.

            En cuanto a los topónimos, agrega:

 

Mucho más de un centenar de topónimos poseen el componente gasta, que según las fuentes significa "pueblo". Aunque según Lozano y Guevara los pueblos tenían el nombre de su cacique precediendo a gasta, creemos que el análisis de la toponimia permite afirmar que gasta también significaba el lugar poblado por algo. Los únicos nombres sobre los cuales se puede adelantar alguna traducción son:

 

Colla gasta puede significar "pueblo del colla" (podría haberse tratado de un kollawaya).

Guacalagasta I Guacaragasta quizás sea "pueblo del palo santo" (el árbol huajara, huacha o huajla).

Ingagasta es "puebla del inca".

Machigasta es "pueblo del machi" (shamán) topónimo Machisogca o Machizoca debe se Machisupca "lugar de los sacrificios del
machi"
.

Villagasta es "pueblo de la liebre".

Niogasta qulzás sea "lugar poblado de nío" (una planta venenosa).

Tasigasta posiblemente sea "lugar poblado de tasi" (una enredadera)

Tintigasta quizás pueda ser "lugar poblado de granadilla

Tasimampa "canal e arroyo del tasi".

Jasimampa "canal o arroyo del jasi" (arenisca roja).

Además, el componente wil (vil ,huil ,güil) recurre en una treintena de topónimos. Quizás podría significar "manantial, ojo de agua, arroyo". En tal caso, sería posible hacer las siguientes interpretaciones.

Villavil "manantial de la liebre".

Apocavili "manantial de la paloma torcaza ".  [21]

Conclusiones de Nardi.

Para el estudio del kakán es necesario el empleo conjunto de dos tipos de
ínvestigaciones. Po
r un lado, la búsqueda en archivos y repositorios documentales. Hay que tratar de hallar los escritos lingüísticos de los misioneros, Pensamos ante todo en los escritos, de los P.P. Alonso de Barzana y Pedro Añasco (….). Los pleitos, las mercedes de tierras y muchos otros documentos pueden también tener valiosos datos, Por otra parte, la investigación de campo, el contacto con los portadores vivos de la lengua, la documentaci6n de los indigenismos constituyen la fuente más real y precisa de material, mientras se hallen los vocabularios y gramáticas perdidos. [22]

 

 

II  PARTE:  TOPONIMIA Y ANTROPONIMIA DIAGUITA EN EL VALLE DE HUASCO.

 

            Para comprender mejor el planteamiento de un Proyecto de recuperación y consolidación del kakán nos basaremos en los objetivos, propósitos, metodología y eventuales logros a los que han accedido estudiosos, historiadores y lingüistas en los últimos diez años principalmente en la Región de Atacama         . Consideraremos el texto Emergencia y convergencia del pueblo diaguita en la región de Atacama. Compilación de estudios sobre la lengua kakán (2011).

            La Presentación del texto es de don Eleodoro Moscoso Esteban, Subdirector Nacional Norte Conadi,  quien comienza por destacar los esfuerzos de la entidad “por recuperar la lengua kakán utilizada por el Pueblo Diaguita tanto en la Región de Atacama como en la Región de Coquimbo. Esta lengua ancestral, en la actualidad se encuentra en un estado de lengua muerta sólo contando con un registro de algunas palabras generalmente vinculadas a toponimias, zoonimias y fitonimias (…)”[23]. Nos preguntamos, ¿cómo se puede recuperar una lengua muerta? Lo fenecido es irrecuperable, lo que no obsta para que subsistan vestigios de alguna índole (nombres de lugares, nombres de personas), pero insuficientes en grado extremo para recuperar una lengua extinta.

            Permítasenos reiterar aquí la consideración de dos clasificaciones o enfoques de una lengua, desde el punto de vista de su existencia, permanencia en el tiempo y conocimiento acerca de ella.: 1) Una lengua puede ser o estar vigente (en pleno uso como primera lengua o lengua materna) o extinta (muerta o desaparecida, cuando no posea hablantes que la usen como primera lengua o lengua materna); 2) Una lengua puede ser conocida o desconocida. Es conocida cuando se sabe su estructura lingüística y estratos fundamentales (el fónico, el léxico y el gramatical propiamente tal, o sea su morfología y su sintaxis). Ejemplifiquemos con el latín, el kakán y el castellano: el latín es una lengua extinta pero conocida; el castellano es una lengua vigente y conocida; el kakán es una lengua extinta y desconocida (a lo menos en un 95%).

            A continuación el Subdirector  anuncia que el texto se sustenta en dos estudios, uno sobre la toponimia  que se ha mantenido en uso en la región (sector de Alto Huasco en la comuna de Alto Carmen, en la Región de Atacama) “pertenecientes o vinculados en su raíz a la lengua kakán” [24] y otro “de apellidos indígenas utilizados por Diaguitas y pertenecientes al kakán” [25].  En cuanto a los topónimos habría dos opciones:1. netamente kakanes o 2. vinculados al kakán. Suponemos que en este segundo caso se trataría de vocablos híbridos, es decir con base kakana y de otra lengua, amerindia o española. En lo que respecta a los apellidos –aunque nosotros preferiríamos denominarlos como antropónimos, incluyendo en este concepto tanto a nombres como apellidos- asevera el presentador del texto que pertenecen al kakán. No obstante, al revisar los listados predominan los nombres de origen español, quechua y mapuche sobre los supuestamente kakanes.

            En la Introducción del libro se hace un alcance a la  cuestión diaguita  expresando que hasta hace una década los diaguitas estaban invisibilizados para todos: para las personas, para la Academia, para el Estado [26], pero que “en estos últimos años (…) se ha generado un importante y sostenido proceso de etnogénesis (…) en torno a la recuperación ancestral de sus orígenes” [27]. Y este proceso de etnogénesis ha instalado la identidad indígena de los diaguitas, de su historia, de sus orígenes culturales y “de una nueva carga significacional sobre el futuro, dentro del cual se encuentra inefablemente[28]  la recuperación del kakán, su lengua originaria”[29].

            Observamos el objetivo fervientemente ansiado de “recuperar la lengua kakana”. Y como se expresa en el mismo texto más adelante, no sólo de recuperarla, sino también de consolidar su estatus de lengua originaria de Chile y de que se logre el reconocimiento oficial del Estado.  Al pie de página, en una nota, se expresa que los propios Diaguitas tienen plena conciencia de que una educación intercultural debe contener elementos de rescate y uso de la lengua kakán. Y agrega el autor: “evidentemente que nadie es tan falaz para pretender una inmersión lingüística profunda (…)”[30].  La pretensión de los diaguitas parece muy certera: una educación intercultural debe contener elementos de rescate y uso de la lengua kakán. Pero dicen “elementos”, no la lengua kakana completa. El autor refuerza el aserto  diciendo que nadie es tan falaz para pretender una inmersión lingüística profunda. Entonces, si no es una inmersión lingüística profunda, ¿de qué grado es esta inmersión? Por lo que sabemos, sólo se limita a un par de listados toponímico y patronímico. Y eso es lo que se debe difundir. Aclarando, eso sí, la mixtura etimológica de ambos glosarios: la mayor parte de los topónimos y de los antropónimos no son kakanes sino quechuas, mapuches y españoles.

            Bajo un epígrafe de “emergencia y convergencia” se expresa en el libro que “Los diaguitas, históricamente, han estado en un proceso continuo de intercambio cultural con el cual, evidentemente, han transformado su propia historia(…)”[31]. Esto concuerda con lo expresado por muchos estudiosos del problema indígena y principalmente diaguita. Quiero citar a uno de los más importantes, el Dr © Patricio Cerda Carrillo [32] quien explicita y consolida acertadamente los conceptos de pluralidad étnica, multiculturanismo y pluralidad lingüística, resultante natural de la mixtura étnica y cultural: “En el norte semiárido se materializa en una diversidad de identidades culturales y pluralidades étnicas. En efecto, hay personas que hoy son reconocidas como quechuas, aymaras, collas, diaguitas y mapuches, sin por ello perder la identidad territorial y la ciudadanía chilena” [33].  Y casi al terminar su libro resume: “La tesis de la diversidad étnica y pluralidad cultural ha sido reconocida y suscrita por importantes investigadores contemporáneos especialistas en la temática diaguita.”[34]. Para concluir con esta recomendación metodológica: “Un buen punto de partida, ya consensuado para explicar la “cuestión diaguita”, es examinarla bajo el prisma de la diversidad étnica y pluralidad cultural, ya expuesto. Así será posible aproximarnos a las interrogantes planteadas, en la perspectiva de unir el pasado con el presente, mediante un enfoque etnohistórico” [35].

            Bajo un subtítulo denominado “Indios diaguitas” continúan los autores del texto “Emergencia y Convergencia…”. En este marco de interculturalidad el pueblo diaguita “desarrolló una lengua propia ya extinta, desaparecida en su fonética, aunque no así en sus grafemas –que es precisamente (…) lo que se espera objetivar en este trabajo (…)”[36].

            Es bueno que se reitere lo de lengua extinta, lo que simplemente refuerza nuestra convicción acerca de la situación existencial del kakán. Pero el  grado de desaparición que mencionan los autores me parece altamente insuficiente: afirman que su fonética desapareció…¡y nada dicen de que también desapareció su morfología, su sintaxis (es decir, su gramática) y el léxico conversacional y no meramente alusivo a lugares y personas!. Nótese que ningún diccionario de una lengua moderna incluye topónimos y antropónimos en su corpus. Estos listados constituyes glosarios especializados, anexos y complementarios, pero no sustanciales para la intercomunicación humana.

            Pero nos dicen que sus grafemas[37] no han desaparecido. El kakán, como todas las lenguas amerindias, no conoció la escritura. Fueron los misioneros españoles (para el ámbito hispano en Sudamérica) los que transcribieron los sonidos autóctonos con signos del alfabeto latino. De manera que cuando se nos habla de fonemas o sonidos indígenas, estos han sido transcritos con grafías hispanolatinas, de acuerdo con la percepción acústica de los evangelizadores. De manera que el esfuerzo epistemológico de desentrañar la fonética diaguita corresponde a una fuente de segunda mano: los sonidos transcritos por los misioneros  de acuerdo a como ellos los hayan percibido.

           “Finalmente es pertinente señalar que el presente libro se enmarca en el proyecto “Edición de textos para la recuperación, revitalización y revalorización de la lengua kakán en la Región de Atacama desarrollada por el Instituto de Estudios Andinos Isluga de la Universidad Arturo Prat con el apoyo de la Unidad de Cultura y Educación de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, CONADI (…)”[38].[39]

            La cita precedente la actualizamos sólo para destacar el propósito  de los editores: recuperar, revitalizar y revalorizar la lengua kakán. Loables objetivos; pero la realidad nos convence de la imposibilidad de recuperar la lengua kakán. En cuanto a revitalizarla y revalorarla convengamos en que puede lograrse…pero sólo con esa minúscula porción léxica atribuida al kakán.

            ¿Quiénes han participado en la redacción de este libro?

 “(…) han participado el profesor de Lingüística de la Universidad de Playa Ancha, Dr. Sr. Daniel Lagos, el profesor de Historia Guillermo Cortés. Los profesionales del Instituto Isluga, Cristián Ortega y Alfredo Pizarro (…)”[40]

           “Sabemos que la lengua es un factor decisivo para que un grupo humano sobreviva”[41].

             Falso. Intérpretese al revés: La lengua no es un factor decisivo para que un grupo humano sobreviva (cuando no existía el lenguaje los humanos igualmente sobrevivieron). Más bien, son los grupos humanos los que hacen que una lengua perviva en el tiempo.

            ¿Es el kakán una lengua existente? Esa pregunta parecen hacerse los autores de “Emergencia y convergencia…”. A ellos les parece que la respuesta es afirmativa, sustentándose en lo que un autor, Gustavo Solís Fonseca, elucubra. No poseemos mayores referencias de este autor. Cúlpesenos de nuestra ignorancia. Desgraciadamente el texto que estamos analizando tampoco lo destaca en la Bibliografía final.

            Expresa Solís Fonseca que el concepto de lengua es muy difuso (de lo cual discreparemos más adelante). Y afirma que las lenguas pueden existir[42] de varias maneras. Sintetizaremos estas varias maneras a continuación:

a)      Las lenguas existen como instrumentos de comunicación (…)

b)      Las lenguas existen como conocimiento, como posesión mental  Existe el caso del último hablante (…)

c)      La lengua existe porque hay una gramática o porciones de ella que atestiguan la historicidad.

d)     La lengua existe porque existen textos de su existencia(…)

e)      La lengua existe porque se tiene léxico de ella (…).

f)       La lengua existe a través de indicadores toponímicos (…).

g)      La lengua existe como sustrato de una lengua x.

h)      La lengua existe porque se dispone de referencias sobre su existencia (tradición oral o fuentes escritas).[43] y [44]

Ahora nuestra opinión. Definitivamente una lengua sólo existe si es hablada por una comunidad lingüística (incluso aunque fueran únicamente dos parlantes sobrevivientes). De manera que sólo la letra a) es la única válida. Ninguna de las aseveraciones sobre la eventual existencia de una lengua ordenadas desde la letra b) a la h) posee fuerza lingüística ni comprobatoria de la existencia y evidencia actual de una lengua.

Y el texto que analizamos se fundamenta en la letra f) y tal vez en la e) para poder incluir a  los antropónimos y algunos términos generales. También concedamos un buen espacio a la letra h).

Aunque en definitiva lo único valedero para la existencia de una lengua vigente es que se esté utilizando como lengua materna. Lamentablemente, eso no ocurre con el kakán.

 

Examinemos, ahora, (cuantitativamente hablando) los listados de “topónimos” y “antropónimos” del Dr. Lagos. Son 42 los antropónimos de su listado, aunque erróneamente son expuestos bajo el rótulo de “Toponimias”, lo cual constituye sólo una evidente errata del editor[45]. Su listado de topónimos[46]consigna 20 vocablos.

Fuera de estos glosarios del Dr. Lagos, el texto consigna 3 listados más de “apellidos indígenas y no indígenas” y 1 glosario de palabras de uso común y general, constituida en su totalidad por voces que el editor rotula como “ préstamos lingüísticos”. Vayamos, por lo menos, a la parte estadística o cuantitativa.

1)      Apellidos indígenas y no indígenas presentes en documentos históricos (Graña, 2004), (Lorca, 2002), de acuerdo con los registros de tributación colonial. Son 199 apellidos, entre indígenas y españoles, muchos cuya frecuencia se repite y algunos que el Dr. Lagos no incluye en su tratamiento etimológico.

2)      Apellidos indígenas y no indígenas presentes en las genealogías desarrolladas por Campos y Correa (2005) y las antroponimias presentes en el estudio sociolingüístico-histórico desarrollado por el Instituto de Estudios Andinos Isluga (2009)[47]. 143 apellidos con muy pocas repeticiones. Algunos apellidos indígenas no han sido considerados en el listado de Lagos.

3)      Apellidos indígenas y no indígenas presentes en la matrícula del liceo de Vallenar Pedro Troncoso Machuca[48]. Son 138 vocablos.

Por último, los autores consignan 97 vocablos, ni topónimos ni antropónimos, sino palabras de uso general en una comunidad, propuestos por el Consejo Regional Diaguita, cuyas etimologías y significados han sido  investigados por el profesor Daniel Lagos[49]. No obstante, ninguno de estos nombres es de origen kakán propiamente tal, sino que constituyen préstamos lingüísticos del quechua, mapuche y castellano.

En cuanto al tratamiento lingüístico que el Dr. Lagos hace de sus listados Toponimias y Antroponimias digamos que es bastante esquemático, limitándose a proponer una eventual etimología y significado de los nombres (o consignar bajo el rótulo de “sin un significado concensuado”). Seguramente esto se debe a que se trata de una recopilación suscinta cuyas fuentes más completas deben  ser el “Estudio sociolingüístico de las Localidades de Chigüinto, Chanchoquín, El Tránsito y Juntas de Valeriano” (en colaboración con D. Guillermo Cortés) y el “Texto lexicográfico de la lengua kakán presente en la región de Atacama”, también en coautoría con D. Guillermo Cortés[50].

Muchísimo más completo es el acceso semántico-lingüístico-etimológico que realiza la profesora Daniela Verónica Atenas Muñoz en su Seminario de Título “Toponimia y Antroponimia Diaguita en el Valle de Huasco”[51]. Indudablemente se advierte la guía especializada del profesor patrocinante, el Dr. Daniel Lagos. Muchísimo más completo es el acceso semántico-lingüístico-etimológico que realiza la profesora Daniela Verónica Atenas Muñoz en su Seminario de Título “Toponimia y Antroponimia Diaguita en el Valle de Huasco”[52]. Indudablemente se advierte la guía especializada del profesor patrocinante, el Dr. Daniel Lagos. Por lo que no nos parece desacertado considerarlos a ambos como coautores.

Cuantitativamente hablando, Daniela Atenas eleva a 52 el número de topónimos (por sobre los 20 de Lagos  y Cortés, casi triplicándolos) y analiza 71 antropónimos (contra los 42 de Cortés y Lagos, casi el doble de vocablos). En descargo de Lagos y Cortés digamos que ambos investigadores se restringieron a un sector geográfico más circunscrito (Huasco) mientras que Daniela Atenas, contradiciendo el título de su Seminario (que debería haber limitado su estudio exclusivamente al Valle de Huasco en su búsqueda de topónimos y de antropónimos diaguitas)  extiende sus consideraciones a la región de Coquimbo, a otros lugares del país (a Antofagasta, por ejemplo) e incluso considera nombres de la región diaguita argentina.

 

A modo de conclusiones proponemos los siguientes asertos y consideraciones:

1.      La lengua de los diaguitas históricos provenientes de la vertiente oriental de Los Andes presumiblemente fue el kakán

2.      Debido al contacto pacífico o bélico con otras etnías los diaguitas se fueron mixtificando  con los habitantes en contacto, intercultural y multiculturalmente hablando.

3.      De manera que los diaguitas que vivían a la llegada de los españoles ya no eran los mismos que los llegados allá por el siglo IX. Como no lo son, tampoco, las poblaciones diaguitas de los siglos posteriores

4.      Las principales etnías que contribuyeron a su mixtificación fueron la quechua y la mapuche[53]. Presumiblemente también han influenciado y mantenido algún tipo de contacto los collas, los aymaras, los changos, los camanchacas, los huarpes. En la época colonial habría que agregar el mestizaje con la etnía afro de los esclavos traídos desde África. Por supuesto, no hay que olvidar el aporte sanguíneo de los españoles, criollos y chilenos.

5.      Parejo con la mixtura racial se produjo la desaparición de la lengua original: el kakán. Entonces su lengua debió ser primero el quechua (con gran aporte colla y aymara) y después el mapuche[54]

6.      Desde finales del siglo XVII la lengua de los diaguitas es el castellano. No lo es ni el quechua, ni el mapuche y, menos, el desaparecido kakán.

7.      Insistimos en la nula incidencia que puede tener un puñado de palabras para recuperar una lengua, en este caso la kakana. Por eso, en la planificación lingüística y en su enseñanza y recuperación hay que ser muy claros en los reales alcances del propósito: los listados que se han elaborado como pertenecientes al kakán muestran un escaso aporte de voces kakanas (o que puedan considerarse como tales) . Mayoritariamente los vocablos son de raigambre etimológica quechua, mapuche y española.

8.      De acuerdo con el punto precedente es preferible utilizar el rótulo de lengua diaguita (y no kakana) para estos glosarios que los diaguitas actuales consideran como parte de su lengua. Y decimos “parte de su lengua” y no “su lengua”, porque  su lengua actual –ya lo expresamos precedentemente- es el castellano.

9.      Para abundar sobre lo anterior, a todas luces sería un despropósito monumental afirmar que la lengua de los españoles e hispanohablantes fuese el árabe, basados exclusivamente en el aporte léxico de esta lengua que alcanza un no despreciable 6%.

 

 

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[1] Guerrero, 2006

[2] Iribarren, 1957

[3] Latcham, 1926 y 1937

[4] Carvajal, 1989 y 1990

[5] Schuller, 1908.

[6] Tovar, 1961

[7] Loukotka, 1968

[8] Villagra, La literatura oral de lenguas en conflicto.

[9] Fabres, 2005

[10] Nardi, 1979

[11] El remarcado en mayúsculas o cursiva es nuestro.

[12] Nardi, 1979

[13] Op.cit., p.2

[14] Op.cit, p.4

[15] Op. Cit,p.4

[16] Op. Cit, p.4-5

[17] Op. Cit, p.7

[18] Op. Cit, p.7-8

[19] Op. Cit, p.8-10

[20] Op. Cit, p.12

[21] Op. Cit,, p.30

[22] Op. Cit, p.31

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[23] Emergencia y Convergencia del Pueblo Diaguita, p.4

[24] Op. Cit. p. 4

[25] Op. Cit., p.4

[26] Cfr. Op.Cit.. p.6

[27] Op. Cit., p. 6

[28] El adverbio “inefablemente” es inadecuado en esta sentencia. Más le habría convenido alguno de los siguientes: impostergablemente, necesariamente, indudablemente, obviamente.

[29] Op. Cit., p.7

[30] Op. Cit, p.7, nota 1

[31] Op. Cit., p. 10

[32] Cerda Carrillo, Patricio: Patrimonio Cultural Indígena, 2014,

[33] Op. Cit., p. 23

[34] Op. Cit., p. 144

[35] Op. Cit., p. 144

[36] Emergencia y convergencia, p. 11

[37] El grafema corresponde a la transcripción gráfica del fonema. Simplificando la cuestión: los fonemas son “sonidos” y los grafemas son los signos gráficos que las representan. O sea lo que entendemos en el lenguaje corriente por “letras”.

[38] Op. Cit., p. 12

[39] El subrayado es m

[40] Op. Cit., p.12

 

 

[41] Op.Cit., p. 3

[42] El destacado en negritas es nuestro.

[43] Op. Cit., pp.43-48

[44] El destacado en negrita es nuestro.

[45] Op. Cit., pp. 54-58

[46] Indistintamente usaremos los términos de “topónimos” o de “toponimias”. Similarmente lo haremos con “antropónimos” o “antroponimias”.

[47] Op. Cit., pp.67-73.

[48] Op. Cit., pp. 75-80.

[49] Op. Cit., pp. 81-94.

[50] Op. Cit., pp. 13 y 107 de la Bibliografía

[51] Cfr. En la Bibliografía final la referencia completa

[52] Cfr. En la Bibliografía final la referencia completa

[53] Tarea para los historiadores. Mis aproximaciones son fundamentalmente lingüísticas..

[54] En lo personal, presumo más importante la influencia quechua que la mapuche, a juzgar por los vestigios lingüísticos que restan en la toponimia, antroponimia y léxico de uso general de voces reconocidas por los propios diaguitas contemporáneos nuestros..