APUNTACIONES SOBRE EL TEMA DIAGUITA EN CHILE

(Los aportes de la toponimia)

Herman Carvajal Lazo

Universidad de la Serena

El presente trabajo muestra los datos estadísticos de un levantamiento toponomástico amerindio en las regiones III y IV de Chile (Norte Chico), realizado por el autor desde hace más de una década, que sirvan como antecedente para la discusión de la presencia de etnías aborígenes en la zona, específicamente sobre la cuestión diaguita.

1. La denominación de "diaguitas" en Chile.

Tanto los historiadores como los antropólogos coinciden en que estrictamente el nombre "diaguitas" es incorrecto para los primitivos habitantes del Norte Chico. La inconveniencia del término diaguitas, en sentido lato, radica en que no discrimina entre las dos culturas separadas por Los Andes. Y puesto que la denominación resulta equívoca, se debe intentar la consolidación de un nombre más adecuado para los diaguitas chilenos. El profesor Menghin propone el rótulo de Cultura de Coquimbo, por "considerar que su centro se halla en esa provincia y que […] su parentesco más cercano con las culturas diaguitas argentinas es muy discutible". Cornely acepta el término de diaguitas chilenos, propuesto en 1928 por Ricardo E. Latcham , aunque advierte notables diferencias entre la cultura de los indios de Coquimbo y Atacama y la del noroeste argentino. Grete Mostny reconoce, a su vez, que los prehistoriadotes actuales no han encontrado una designación más expresiva para esta Cultura de los Valles Transversales. Se han propuesto –dice- los nombres de Cultura de Coquimbo o Cultura de La Serena, sin mayor aceptación. Se ha preferido, sin embargo, seguir usando el término diaguitas porque no es tan sólo una designación étnica, sino también el nombre de un sitio-tipo y aldea del Valle de Elqui. El antropólogo y Dr. Gastón Castillo escinde la región diaguita por el norte a la altura de Huasco, proponiendo para el sector septentrional el rótulo de Cultura de Copiapó.

El Dr. Guillermo Cortés Lutz menciona que aunque el apelativo "diaguitas" no es una autodenominación, aunque su uso es bastante antiguo. Existen documentos del siglo XVI donde encontramos el nombre de "diaguitas" para los pueblos del norte de Chile (Probanza de méritos de Santiago de Azoca del 17 de octubre de 1562). Lo mismo se reitera en documentos notariales de comienzos del XVII.. Pero el Dr. Cortés no cree en una identidad cultural con los diaguitas argentinos. Más bien, las similitudes las atribuye a la existencia andina de corredores culturales entre el noroeste argentino y los valles transversales, reafirmado por la conquista incaica a Chile.

2. Los diaguitas chilenos.

Vivieron los diaguitas chilenos en la región que hoy se denomina el Norte Chico, es decir, desde el valle de Copiapó por el norte (limitando con el Desierto de Atacama) hasta el río Choapa por el sur.. Hacia el 1536 soportaban la dominación (y aculturación) incásica durante ya sesenta y cinco años. Coetáneamente habitaban allende la Cordillera los diaguitas argentinos, en las provincias de La Rioja y Catamarca y parte de Tucumán, Salta y San Juan. Más al norte, y hacia el Pacífico, tuvo su hábitat natural la etnía de los licán-antai o atacameños, a quienes también se les ha supuesto alguna vez relacionados con los diaguitas. En la actualidad, no conviene confundir a los atacameños con los diaguitas, y en estos últimos distinguir entre los argentinos y los chilenos.

De acuerdo con el esquema de periodización propuesto por Gonzalo Ampuero los orígenes de la etnía diaguita chilena estarían ubicados en el Período Agroalfarero Medio (que va del 800 al 1000 D.C.). "El Complejo Las Ánimas se distingue especialmente en los valles de Copiapó, Huayco, Elqui y Limarí, pero conocemos muy poco todavía sobre otras características culturales y el tipo físico de su población […]. En todo caso, aquí se dan las bases para la Cultura Diaguita Chilena. Durante el siglo X D.C. se produce una serie de movimientos de pueblos en el área andina, desde el noroeste argentino a través de los diversos pasos cordilleranos y que repercuten en nuestra región. El Complejo Las Ánimas hunde sus raíces en una dinámica cultural compartida en ambos lados de la Cordillera.

Pero es en el Período Agroalfarero Tardío (1000 D.C. al 1536 D.C.) cuando se consolida la Cultura Diaguita Chilena. Fue Ricardo Latcham quien la bautizó así, considerando que los restos cerámicos eran similares a los de la Cultura Diaguita Argentina. Francisco Cornely retomó los postulados de Latcham y le dio cuerpo a esta cultura, proponiendo una secuencia basada en la tipología cerámica y en los tipos de sepultura. Los arqueólogos Gonzalo Ampuero, Hans Niemeyer, Jorge Iribarren, Gastón Castillo y Julio Montané han elaborado la tipología actual, distinguiendo las etapas de Diaguita I, Diaguita II y Diaguita III o período con decidida influencia incaica..

A la llegada de los españoles la población diaguita sería de unos 30.000 indígenas. A la desaparición de los diaguitas contribuyeron distintos factores: el sistema de encomiendas, el laboreo en minas, el uso de mano de obra en la agricultura y ganadería, pestes y enfermedades transmitidas por el español, las migraciones forzadas y el proceso de mestizaje. Hacia fines del siglo XVII los diaguitas ya habían sido absorbidos por la sociedad criolla hispana, y hoy nada queda de sus creencias, tradiciones y valores culturales. Si consideramos la constitución racial de las encomiendas y de la sociedad indígena, integrada por diaguitas, mapuches, beliches, huarpes, negros, unidos al elemento criollo, entenderemos este proceso de mestizaje que terminó por fusionar distintas etnías –incluida la diaguita- hasta constituir las bases de la sociedad chilena en Coquimbo y Atacama.

3. La lengua diaguita.

Si bien es cierto que el origen de los diaguitas se debe a la llegada de poblaciones transandinas h. el 900 D.C. (se le vincula con complejos culturales de La Aguada, Condorhuasi, San José y Santa María) es innegable que -dadas las características de unidad ecológica de la región- siempre ha habido gran movilidad migratoria, la cual le confirió una impronta local a la naciente cultura, hasta diferenciarla completamente de sus antecesoras. De este proceso de diversificación no escaparía la identidad lingüística.

El reducido inventario léxico atribuido al cacán, que en su mayor parte es de carácter onomástico (topónimos y patronímicos) no permite en absoluto la reconstrucción morfosintáctica ni la fonológica de esta lengua. Por otra parte, ni siquiera se conserva alguna gramática del cacán que pudieron haber escrito los misioneros de la Colonia. De allí que las escasas referencias se limitan más bien a cuestiones externas de supuesto parentesco lingüístico o determinación de troncos y dialectos que propiamente a la índole lexicogramatical del cacán.

Cestmír Loukotka distingue 20 dialectos pertenecientes al tronco diaguita, sin considerar los subdialectos: Quilma, Yocabil, Andalgalá, Abaucán o Tinogasta, Pasipa, Ancasti, Hualfín, Famatina, Caringasta, Calián o Mocalingasta, Sanagasta, Musitian, Nolongasta, Calchaquí o Cacán o Tocaque (con subdialectos: Guachipa, Tolombón o Pacioca, Amaicha, Tucumán o Tukma, Solco) Cupayana o Copayana, Amaná, Chicoana o Pulare, Indama o Ambargasta, Copiapó.

Si a éstos les agregamos en Santiago del Estero: Tatingasta, Toamagasta, Collagasta, Tafingasta, Paquingasta, Chiquilagasta, Yalapagasta, Tafingasta, Tucumangasta, Guacaragasta, Tavigasta, Suhagasta, Cascagasta, Ampatagasta, Pissigasta. En Catamarca: Tucumangasta, Yngagasta, Asabgasta. En Salta: Ambirigasta, Sichagasta, Chuchagasta, Taquigasta, Atachigasta, Ampacgasta, el panorama se complica más todavía .

Si en el noroeste argentina el asunto es azaroso, algo similar ocurre en la falda occidental de Los Andes. El único cronista del siglo XVI que proporciona datos de cierta consideración es Gerónimo de Bibar . De acuerdo con su relato en el Norte Chico se hablaban cinco lenguas distintas, una por cada valle: Copiapó, Huasco, Coquimbo, Limarí y regiones de Combarbalá hasta Aconcagua. En cada caso dice :"es lengua por sí". Lo más probable es que no se trate de lenguas, sino de variantes o dialectos de una misma lengua, pero lo suficientemente diferenciados –especialmente en el aspecto léxico, que es siempre el más variable- como para producir esta impresión. Nuestra presunción se basa en que esta región poseía –siempre siguiendo e interpretando a Bibar- comunidad cultural en ritos, ceremonias y costumbres: sería muy extraño que la lengua quedara excluida de esta unidad etnológica. El intérprete aborigen de Valdivia en Copiapó conocía no sólo la lengua de Copiapó, sino también de toda la región; no es aventurado deducir que los dialectos diaguitas poseían un alto grado de inteligibilidad recíproca. Por último, la región diaguita no posee barreras infranqueables de valle a valle y se encuentran a moderada distancia geográfica unos de otros. Estas peculiaridades facilitarían la intercomunicación social y comercial en una misma lengua, no exenta de variaciones.

Probablemente la lengua autóctona de los indios de Coquimbo y Copiapó posea un origen común con la lengua de los diaguitas argentinos o sea una derivación de ella. Lo cierto es que a la llegada de los españoles ya habrían sido mutuamente ininteligibles. La lengua cacana constituye una incógnita. Ante la carencia de hablantes, gramáticas, diccionarios, glosarios o documentos, resulta imposible su reconstitución gramatical y léxica, y aventurada la determinación precisa del área geográfica en que habría sido hablada.

4. Los datos de la toponimia del Norte Chico.

El cuadro siguiente refleja el levantamiento cuantitativo de los topónimos amerindios de la región del Norte Chico, clasificados etimológicamente según la lengua de origen por cada uno de los cinco valles transversales:

 

 

 

TOTAL DE TOPÓNIMOS INDÍGENAS
elqui limarí choapa huasco copiapó totales
QUECHUA

227

304

57

262

203

1053

41,31%

MAPUCHE

158

370

191

92

38

849

33,31%

NAHUA

4

2

1

9

6

22

0,86%

DIAGUITA

4

1

2

1

8

0,31%

AYMARA

12

3

9

3

27

1,06%

CUNZA

4

3

7

0,27%

TAINO

8

8

5

12

2

35

1,37%

PASCUENSE

1

1

0,04%

ARAHUACO

2

2

0,08%

GUARANÍ

2

2

4

0,16%

DECONOCIDO

57

144

31

98

68

398

15,61%

HÍBRIDO

9

9

7

10

2

37

1,45%

DUDOSO

19

34

8

29

16

106

4,16%

502

877

303

525

342

2549

100,00%

 

 

 

 

 

 

 

He aquí algunas observaciones que se deducen de la lectura del cuadro y que pueden servir para la formulación de algunas conclusiones parciales:

En la toponimia indígena regional del Norte Chico se registra la presencia de nombres correspondientes a 10 lenguas amerindias: quechua, mapuche, diaguita, aymara, cunza, pascuense, nahua, taino, arahuaco y guaraní.

Sólo las dos primeras son relevantes, además del rótulo "desconocido" (15,61%), correspondiente a topónimos de indudable origen indígena, pero para los cuales no pudimos postular ninguna lengua precisa, dada la carencia de fuentes bibliográficas y documentales. Suponemos que en este porcentaje deberían encontrarse palabras de las lenguas autóctonas de Coquimbo y Copiapó.

El levantamiento toponomástico amerindio refleja un predominio de voces de origen quechua y mapuche. Tres cuartos del corpus total pertenecen a estas lenguas.

Los valles transversales se han dispuesto en el cuadro en orden de sur a norte, lo que permite advertir una relación inversamente proporcional en lo relativo a la cuantía de voces mapuches y quechuas: en la medida en que aumentan las voces mapuches hacia el sur, disminuyen las quechuas; lo contrario ocurre hacia el norte.

Del análisis lingüístico del corpus toponomástico estudiado no se infiere la presencia del cacán en Coquimbo y Atacama. Probablemente, y es lo más seguro- la lengua que hablaban los diaguitas chilenos era distinta de la hablada por los diaguitas argentinos.