¿UD NO LO DIGA?

De todos los problemas atingentes al lenguaje uno de los que más interesa al común de la gente -tanto como a los especialistas- es el relativo a la "corrección lingüística", una de cuyas aristas es la preocupación por saber si una expresión es "correcta" o "incorrecta". Con bastante frecuencia se consulta a los profesores de Castellano sobre la validez normativa de palabras como 'competición', 'sofisticado', 'garantizar', 'magíster', 'ministra', 'lavatorio', y otras,

La solución no es tan fácil, como pudiera pensarse. En principio, bastaría con consultar el Diccionario de la Real Academia Española (desde ahora, DRAE): si el término figura en el corpus de la docta corporación, es correcto; si el DRAE no lo registra, es incorrecto.

Si aceptáramos el criterio precedente, no sabríamos qué responder a las siguientes "omisiones" del DRAE. El Diccionario no registra:

* Las variantes conjugadas de los verbos (es decir, aparece 'apretar', pero no 'aprieto', 'aprietas', aprieta'...

* Las variantes de género y de número de las palabras susceptibles de poseer estos morfemas (es decir, aparece 'niño', pero no 'niña', 'niños', 'niñas').

* Todos los posibles derivados y compuestos que el genio del idioma permite realizar (mediante prefijación, sufijación y composición).

* Las siglas, de uso tan cotidiano, tales como UNESCO, RUT, IVA, CORFO, ULS, OEA...

* Los neologismos científicos, tecnológicos, o los que impone el diario vivir.

* Las nomenclaturas de las ciencias.

* Los nombres propios de personas y de lugares.

* Modalidades regionales del lenguaje coloquial. Por ejemplo, en familia o entre amigos decimos "tení(s) un puchito?", "Querí hacerme un favor?", o el transandino "(Vos sabés!"...

* Modalidades bastante generalizadas del habla infantilizada. (Se le dice al niño: "Mi peyito, cómache la chopita").

* Las nuevas acepciones que van adoptando palabras (significantes) que registra el DRAE.

 

Estas formas que no registra el DRAE ¿podrían ser estigmatizadas únicamente porque no aparecen en el lexicón oficial? El error de fundamento de confundir la lengua española con el DRAE y con su Gramática (en adelante, GRAE) deviene en las consecuencias que insinuamos arriba. Siguiendo al Dr. Ambrosio Rabanales nos permitimos recordar los siguientes supuestos:

- La lengua no es una realidad estática, anquilosante, archivada en el diccionario y en las gramáticas, sino que es una realidad dinámica, en equilibrio inestable, donde tiene cabida la creación y la evolución. Sus valores no son eternos: lo que vale en una etapa de su devenir histórico puede dejar de serlo en otra.

- El DRAE va a la zaga del USO. Los miembros de la Academia encargados de redactar el diccionario recogen los términos en boga en el mundo hispano y registran aquellos que se han afianzado más en la comunicación social.

 

De aquí se desprende que es una actitud dogmática estigmatizar aquellas voces o expresiones que no aparecen en el DRAE. Podría tratarse de términos de uso general y que estén en vías de ser incorporados al diccionario.

Toda lengua es plurinormativa; vale decir, no se da una única manera de hablarla. Una misma lengua se habla de distintas maneras de acuerdo a las distintas circunstancias de su empleo. Algo así como los distintos trajes para las distintas ocasiones. Cuando se habla en público se emplea la norma culta formal, pero en la casa o con los amigos se utiliza la norma culta informal, y si llega el caso, se recurre a la norma inculta (con un efecto humorístico, expresivo, insultativo o con otra finalidad). Así como se puede andar en la casa con piyama y pantuflas, es posible darse el lujo de manejar un estilo informal para hablar. De hecho, como bien afirma el Dr. Rabanales, somos políglotas en nuestra propia lengua.

Ante la interrogante, entonces, de si una expresión en "correcta" o "incorrecta", nos encontramos con dos posiciones extremas:

- la del purista recalcitrante, para quien sólo es correcto lo que registra el DRAE y la GRAE.

- la posición del relativista (o funcionalista), para quien hablar correctamente es hacerlo, de acuerdo con las circunstancias comunicativas, conforme con la norma culta o inculta, en situaciones formales o informales.

Pero esta segunda actitud, ¿no inducirá al caos, a la anarquía, al libertinaje en el hablar y escribir? Este evidente riego se ve frenado por la formalidad que exige la comunicación de diarios, revistas, radio y televisión (excepto, cuando expresamente buscan un efecto expresivo o popular, como lo hace el diario La Cuarta o la Radio Colo Colo. En general, la macrocomunicación de estos medios exige el empleo de la norma culta, que es la que más estable entre los distintos estratos socioculturales, y la que presenta menos vallas para el entendimiento entre los hispanohablantes. Pero el peligro subsiste, y es el riesgo propio del ejercicio de toda libertad en su plena potestad. No obstante, si el lenguaje es el instrumento de comunicación entre los hombres, la eficacia del mensaje será más importante que la forma externa del mismo. Por eso, en lugar de callar por vergüenza o duda acerca de la legitimidad normativa de un término o expresión, USTED SÍ, DIGALO.

Herman Carvajal Lazo